jueves, 31 de enero de 2013

Cambio gato por liebre

Todo un misterio esta llegada de Gago a Velez. Es verdad que emblemas de los grandes han pasado por Vélez, desde el Beto Alonso (foto), hasta el Tano Pernía. Es verdad que, hoy mismo, el Pocho Insúa, Pratto, y Sosa tienen un pasado en Boca. Pero las situaciones son diferentes. Alonso y Pernía se iban mal de River y Boca respectivamente en esos tiempos, y recalar en Velez era una manera de pasarle facturas a los dirigentes. Y en los casos actuales, no hay dudas de que si Boca viene a buscar al Pocho Insúa o a Pratto volverían a Boca sin pensarlo. Así lo hizo un símbolo de Velez, como Somoza (ojalá se hubiera quedado). Así lo hicieron Silva y el Burrito Martínez, también con pasado fortinero. Y en el caso de Sosa, se fue por la expectativa de ser titular (y con un mejor contrato) a Velez, para no ser suplente de Orión (eso no excusa la impericia de Angelici, desde luego).
Pero lo de Gago es distinto. Nadie con chances de elegir entre Boca y Velez elije a Velez, por razones obvias. Recordemos, por ejemplo, la pirueta que tuvo que hacer el Gordo Fabbiani, quien ya había firmado con Velez y los dejó en el altar y esperando para irse a la B con River.
Por eso no se entiende lo de Gago. Las explicaciones ya las conocemos, al menos en parte. Y lo que no conocemos no lo sabremos jamás, porque es políticamente incorrecto. El sentido común dice que lo de Boca no se hizo porque el Valencia no quería largarlo (o porque Gago no quería irse, como declaró en España), que luego y a pedido de Bianchi consiguieron a Ribair, que Valverde - el DT del Valencia - marginó a Gago, y que con el cupo de refuerzos cubiertos tras las llegadas de Perez y Martínez, a Gago sólo le quedaba la chance de jugar para los que no completaron el cupo. Pero resulta que Boca juega también la Libertadores - ante todo, juega la Libertadores - por lo cual podría tenerlo para jugar sólo ese torneo (o hacer lo propio con Ribair).
Bassedas, en nombre de Velez, presenta la cosa como que Gago eligió a Velez por sobre Boca. Habrá que ver qué dice Gago, pero uno no se lo imagina diciendo que va a jugar en Velez porque Boca había completado el cupo y no tenía lugar para él. Tampoco lo imaginamos diciendo que se fué a Velez porque le ofrecieron mejor dinero, cuando en verdad viene sin cargo del Valencia y nadie querría aparecer como mercenario por seis meses de contrato. Las razones familiares tampoco ayudan, porque si Gisela Dulko está embarazada de Pintita ahora también lo estaba hace dos semanas cuando se discutía su llegada a Boca. Lo mismo respecto de ganarse la atención de Sabella para asegurarse un lugar en la selección. Más probablemente, su representate y sus amigos que trabajen en relaciones públicas le aconsejarán a Gago decir algo parecido a lo que declaró Fabbiani cuando entre Newells y Velez arreglaron su paso a Liniers: "Velez es tan grande como River". 
En fin, si hay que caerle a Angelici por amarrete allí estaremos, pero hay que tener cuidado porque ya lo hemos acusado de gastar mal trayendo al Burrito Martínez por mucha plata. Y por Ribair se han pagado 300 mil verdes, apenas un poco menos de lo que exigía el Valencia por el pase de Gago (y Ribair viene sin opción). Si hay que caerle a Bianchi, también lo haremos a pesar del afecto, aunque no hay motivos para pensar que el Virrey prefería a Ribair por sobre Gago.
Lo cierto es que cambiamos gato por liebre, jugador de selección argentina por jugador ni siquiera convocado por el maestro Tabarez a la celeste. Desde lo futbolístico, Boca pierde un jugador fundamental para darle buen destino a la pelota, a falta de Riquelme y con Paredes recién empezando. Desde lo anímico, Gago no es Sebastián Sosa, porque ganó títulos en el Boca de Basile y porque se formó en las inferiores de Boca.
Por eso, la reacción natural del hincha de Boca es la puteada. Ni te cuento si encima Román firma para Tigre o Argentinos. No sólo por lo futbolístico (la pelota en los pies de Gago-Riquelme circula mejor que entre los pies de Somoza-Erviti), sino también por lo afectivo.
Estamos, entonces, entera y exclusivamente en manos de Bianchi y de los velezanos que juegan para Boca. Veremos que pesa más, si el carácter o la camiseta.

martes, 29 de enero de 2013

¿Un enroque?

Hasta "Don Julio" anuncia que no irá por una nueva reelección. Que sigue "solamente" hasta el 2015. En el 2015 también termina "Ella", ¿no?
¿Y si hacen un enroque? Cristina a Viamonte (con Aníbal Fernández de vice, por supuesto!) y Don Julio a la Rosada. ¿Alguien notaría la diferencia?
No se si ganaremos algún mundial, pero con el desembarco del INDEC en la FIFA seguro que quedamos siempre primeros en los rankings de selecciones.  
Araujo, Fucks, Niembro, y el bilardismo de parabienes!

viernes, 25 de enero de 2013

Refuerzos de la guía

Carlos Bianchi tiene crédito y eso no va a cambiar por ningún resultado. Uno de los lugares comunes en la evaluación del paso de Bianchi por Boca es su habilidad para mantener la competencia entre los miembros del plantel y su ojo clínico para sacar todo de jugadores mediocres, que desaparecieron en la intrascendencia cuando dejaron el Boca de Bianchi. De Matellán a Pereda, de Traverso a Donnet, de Caneo a Merchant, de Jerez a Cangele. Boca tuvo grandes jugadores en el primer paso del Virrey, pero esas calidades fueron declinando y los títulos se repitieron a pesar de eso.
Ahora bien, la política de compras y ventas es una que le pertenece al club, más allá de que el gusto del DT sea decisivo. Así, hemos criticado hasta el hartazgo las malas decisiones de Borghi, por las cuales hemos padecido a Luccheti, a Celay, a Caruzzo, y a Escudero desplazando a jugadores de la cantera. Lo propio dijimos en ocasión de los fichajes de Falcioni, que trajo casi gratis a Somoza pero hizo pagar una fortuna por Erviti y Silva, mientras se invitaba a Erbes, Colazo, y Viatri a armar las valijas.
Pues bien, la presencia de Bianchi en el banco de suplentes no cambia el derecho de evaluar como se refuerza el equipo. Y aunque confiamos en el criterio del Virrey, el contraste entre lo que se esperaba y lo que llegó es brutal. La confirmación de Bianchi como DT era acompañada de anuncios esperanzadores: además de la vuelta de Riquelme, Boca se iba a anotar al Cata Díaz, a Gago, y a un delantero por afuera. Esos refuerzos eran dignos de un equipo que arranca la Libertadores para ganarla.
Pero no pudo ser. El Cata sigue jugando (y cobrando en euros) en uno de los tres mejores equipos de la mejor liga del mundo. Gago también prefiere el Valencia y los euros a la posibilidad de gloria en Boca (y a los pesos argentinos impresos en la empresa del palo blanco de Boudou). Román dijo que no, y nos rompió el corazón con eso de que está vacío para jugar en Boca pero no en un equipo de la B de Brasil (veremos donde termina jugando Román, si es que termina jugando, pero eso es para otro post).
Lo que queda es el Burrito Martínez, quien fue tal vez el delantero más determinante de los últimos éxitos de Velez (que tampoco fueron tantos), que no parece haberse afirmado en el fútbol brasilero, y que declara llegar a Boca para ganarse una chance en la selección (en la que, por ejemplo, no tiene lugar Tévez). Sin haberlo visto aún con la azul y oro puesta, a uno le pesa el perjuicio bostero alimentado por otros fiascos que se pagaron tan caros como Martínez. De Gracián ("Glaciar", decía el contra de Olé), a Damián Escudero (otro glaciar), al propio Silva, Boca pagó fortunas por jugadores que se lucieron en equipos chicos pero hicieron agua en los grandes (por algo el Maestro Tabarez siempre ninguneó a Silva en la celeste).
La foto de presentación sintetiza los refuerzos de este Boca de Bianchi. Se fué Schiavi, no arregló el Cata Díaz, y llegó el Chiqui Perez, que debutó haciendo un penal tonto y se desgarró solo al día siguiente. No llegó Gago, ofrecen a Erbes en Rusia, y llega Ribair Rodríguez. Lo único que sabemos de Chiqui Pérez y Ribair Rodríguez es que mandaron a River a la B en una promoción. El antecedente es simpático, pero no da para que los propios Pérez y Rodríguez tribuneen de esa manera. Vienen a Boca a ganar una Libertadores, no a salir airosos de un partido de promoción contra un club en decadencia.
Mientras Erbes, Viatri, y Blandi mirarán los partidos desde el banco, los señores de la guía Pérez, Rodríguez, y Martínez se prueban la ropa y se sacan las fotos. Ellos felices (desde luego). Nosotros... veremos. Pero ojalá que la rompan y nos tapen la boca. Allí estaremos para pedir disculpas.  

lunes, 7 de enero de 2013

Las consecuencias de tomar mate

La novela de este verano, era de esperarse, fue la respuesta de Riquelme a la llegada de Bianchi a Boca. Todos o casi todos descontábamos el regreso de Román. En parte porque lo extrañábamos. En parte porque queríamos su regreso. Y en parte porque era un tema lógico, de pura racionalidad, ya que su salida de Boca fue más signada por el escándalo mediático que por la gloria futbolística. Es cierto que no fue él sino un hermano, o un primo, o un sobrino el que adelantó en el Twitter antes de la final contra el Corinthians su retiro. También lo es que ese dato le jugó en contra no sólo a él sino al equipo, ya que se habló más de ese retiro que de la final, aun antes de jugarla.
Román merecía y merece un retiro más digno. Como hemos escrito antes y para usar un caso parecido, a lo Verón. La diferencia es que Estudiantes no es Boca. Verón pone en Estudiantes al presidente del club, a la comisión directiva, compra y vende jugadores, les elije representantes a sus compañeros, pone y saca a los directores técnicos. Riquelme no puede hacer ni la mitad de esto, porque Boca es un espacio político muy fuerte donde la vieja política, las dirigencias políticas tradicionales, se disputan el poder como si se tratara de un municipio del conurbano o de una provincia argentina: kirchneristas y macristas han transformado a Boca en un sucio fondeadero como el que describe el tango. Por eso esperábamos la vuelta de Román. Para poder hacernos los boludos y mirar solamente la pelotita.
Pero no. Román amagó que volvía. En un furioso raid mediático se cargó a Falcioni, apenas un día después de que la inexperiencia (y la incompetencia) de Angelici le hiciera ofrecerle una prórroga del contrato al ex DT de Banfield en algún restaurante del barrio del vicepresidente Boudou y el testaferro Cristóbal Lopez. Si Angelici hubiera esperado a juntarse con Falcioni hasta después del partido con Godoy Cruz, o si Riquelme no hubiera salido con los tapones de punta en respuesta al anuncio, la pretemporada en Tandil la empezaba Falcioni. Por eso tenemos que darles las gracias a los errores de Angelici y a las declaraciones de Román.
Lo cierto es que, por razones que pueden no tener que ver directamente con Román, volvió Bianchi. Y que nos ilusionamos con volver a ver Futbol De Buen Pie y gloria deportiva aunque sea por un semestre.
Pero Román volvió a pegarse un tiro en el pie. Amagó volver. "Tomó mate", con Bianchi, dijo primero. Luego agregó a Angelici en el relato, aunque el encuentro fue uno y el mismo. Que pasó en esos encuentros es difícil de establecer. Pero yo le creo a los que dicen que Román pidió una extensión del contrato. Le creo a los que dicen que Angelici y sus dirigentes se la negaron. Pidió que le actualizaran el tipo de cambio de su contrato. Y también se lo negaron. Y aunque ahora Román diga que no vuelve porque es un hombre de palabra y Bianchi diga que cada día respeta más la integridad de Román, hay cosas que no cierran. Porque si tenía resuelto que no iba a volver con estos dirigentes, no se sentaba a hablar con ellos ni les pedía mejoras contractuales. No se sentaba ni a tomar mate.
Para que quede claro: Román, no ya sólo por su historia sino por su presente inmediato, merece el contrato más alto del plantel de Boca. A lo Verón, tiene derecho a exigir todo lo que quiera. Eso incluye una extensión del contrato, para dejar claro que primero está Riquelme y después Bianchi (el pedido de Riquelme fue inmediatamente después de que Bianchi arreglara por 3 años). También tiene derecho a que le ajusten el tipo de cambio. Porque aunque el INDEC diga que no hay inflación y el secretario de comercio interior Moreno persiga a las consultoras que publican índices de inflación más cercanos a la realidad, Román y todos los argentinos no pueden comprar hoy la misma cantidad de yerba (o de carne, o de pan, o de verduras, o de nafta), que compraban hace un año con los mismos pesos. Si Moyano pide un 30% de incremento salarial, como no lo va a poder pedir Riquelme?
El problema es que aquella salida del Corinthians quedó emparentada con Falcioni y esta salida - ya sin Falcioni y con Bianchi en el banco de suplentes - queda emparentada con la guita. Por supuesto que siempre queda el recurso de putear a Angelici. Pero hasta los más riquelmistas concedieron el sábado que "me tiene las bolas llenas".
Román tiene derecho a ser dueño del club por el ratito de vida de jugador que le quede en alto nivel. Pero no puede esperar que sea Angelici el que le dé las llaves. No solamente porque Angelici es de Huracán y tiene menos fútbol que la revista Hola sino porque Román le bajó un DT y lo hizo putear por toda la Bombonera. Angelici accedió a retroceder y negarle la renovación del contrato a Falcioni. Accedió a llamar a Bianchi y a aceptar de nuevo a Román en Boca. Pero hasta ahí llegó. Porque en las negociaciones son ambas partes las que ceden (excepto cuando se negocia con Scioli). Pedirle más guita o ajuste por inflación eran maneras seguras de obtener un no rotundo. Eso fue lo que obtuvo Román. Pero eso no puede ser lo que lo aleje a Román de Boca.
Casos como estos nos hacen hablar menos de futbol y/o de política y mas de psicología. Si de verdad Román se ha ido definitivamente por ser coherente con su palabra, sería bueno recordarle que ser coherente incluye también la posibilidad de revisar decisiones anteriores. Porque somos humanos nos equivocamos y porque somos humanos podemos rectificarnos. Si se va por dinero, mejor mirar para otro lado y recordar las cosas buenas del pasado. Y si se va por una pulseada política con Angelici y los suyos, lo menos que esperamos de Román, como dijimos luego de la derrota con el Corinthians, es que haga explícitas esas diferencias (de la misma manera que el burrito Ortega, por ejemplo, las ha hecho en River para hablar de ex-compañeros suyos como Almeyda y de ex-padres postizos suyos como Passarella).
En cualquier caso, si de verdad se va y si no va a decir por qué (o si el por qué es tan infantil que no podremos creerlo de un tipo al que creemos tan inteligente), habrá que mirar para adelante deseándole a Boca y a Bianchi éxitos deportivos (e iniciativa de local y de visitante). Y habrá que desearle a Román buenos mates y felicidad con su familia y sus amigos de Don Torcuato.
Hubiéramos esperado otra cosa. Pero es esto lo que nos ha quedado.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Democracia xeneixe

El título del post iba a ser el de un lindo tango que escribió Cadícamo, musicalizó Tinelli (el bueno), y popularizó el Tata Floreal Ruiz con Pepe Basso (esto último es más controvertido, en todo caso, es mi conclusión). El tango "Por la vuelta" se hizo más popular recientemente porque una frase de su estribillo se hizo título de la peli de Campanella. Escribió Cadícamo: "el mismo amor... la misma lluvia... el mismo, el mismo loco afán..." (el libro de esa peli es de José Pablo Feinmann, que aparece en la peli tocando el piano, cosa que hace muy bien... pero eso es para otro post, digo lo que Feinmann hacía bien y lo que ha dejado de hacer últimamente).
Pero el post no es de tango ni de cine: se refiere al esperado regreso de Carlos Bianchi al banco de Boca Juniors, nada menos. No hay nada que no se haya dicho de los pasos anteriores de Bianchi por Boca. Y mientras aguardamos sus declaraciones (que serán parcas como siempre porque el fuerte de Bianchi es el fútbol, no las relaciones públicas), vale repasar lo que ha pasado aquí desde hace dos semanas. Para mantener la memoria viva. No sea cosa que mañana empiecen a ofrecernos "otro relato" y los jóvenes sin experiencia compren sin beneficio de inventario. En orden cronológico:
1. En la fase inicial de Copa libertadores, Boca empató de visitante en Venezuela con papelón de Falcioni incluido. El incidente debería habérselo llevado puesto. Entre Riquelme y los referentes del plantel le perdonaron la vida.
2. Boca marchaba entonces puntero del campeonato, avanzaba en la Copa Argentina, y seguía firme en la Libertadores. Perdió un partido increíble por 0-3 con Arsenal, que sumado a otros resultados adversos en el final del torneo le dió el título a los de Sarandí. Perdió con un poco de mala suerte la final de la Libertadores, que no supo definir en la ida cuando iba 1-0 y tuvo un par de situaciones clarísimas en los pies de Mouche y Schiavi para liquidar el partido.
3. Riquelme anunció esa misma noche que dejaba de ser jugador de Boca porque se sentía vacío. Los dirigentes celebraban su partida y Falcioni arrancaba el torneo con la posibilidad de armar el equipo a su antojo, sin Riquelme ni enganche a la vista.
4. Boca terminó quinto en el torneo local. Nunca mostró condiciones ni juego de campeón. Llegaba en cuentagotas al arco rival. Lo poco bueno de Boca venía de sus juveniles, cuando se le empezó a desbaratar el vestuario al "emperador". Cuestionó a Viatri, a Erbes, a Clemente, a Ledesma, a Rivero, por su cercanía a Riquelme. A Javi García lo echó (ese parecía ser el destino de los otros "amigos" del 10) y a Sosa lo dejaron ir. Privilegió a sus fieles, que tuvieron un campeonato horrible: Somoza, Silva y Erviti. Solo lo salvaron las apariciones de Pol Fernandez y Paredes, mas el buen final del Pichi Erbes.
5. Hace apenas dos semanas, el presidente Angelici, a pesar de estos resultados, o precisamente por esos resultados, le ofreció un año más de contrato a Falcioni. Querían al mellizo Guillermo, pero con buen tino, el 7 de oro dijo que iba a cumplir su contrato con Lanús hasta Junio, luego de haber peleado con Velez el último campeonato, que fue el de su debut. Angelici además le cerró las puertas de Boca en la cara a Riquelme. Así es, aunque parezca mentira: Angelici, un ignoto binguero recaudador de Macri y con negocios cruzados con el kirchnerismo, un gordo sin pasado en Boca, le cierra las puertas a Riquelme y se las abre a Falcioni. Se sacaron fotos en la última semana del campeonato, después de un par de buenos resultados seguidos de nada. Comieron juntos en Puerto Madero. Angelici le ofreció un año de contrato. Falcioni insinuó que sí. Riquelme denunció el pacto para eliminarlo. 
6. Entonces habló el pueblo xeneixe. Y lo que era originalmente una fiesta de agasajo a Palermo y Abbondanzieri en el entretiempo del partido contra Godoy Cruz transformó a la Bombonera en el escenario de una manifestación del pueblo boquense, con insultos a viva voz para el presidente y el DT Falcioni. Embanderado en sus dos gritos de guerra. Carlos Bianchi por Falcioni. Riquelme por Angelici.
7. Por eso, y sólo por eso, Angelici dió marcha atrás, lo convenció a Falcioni de que no era una buena idea renovar con Boca, retiró lo dicho, se rectificó, y salió a buscar a Bianchi por pedido de la Bombonera. No lo querían a Bianchi; querían al Mellizo. Macri, el que hace como si fuera jefe de gobierno de la ciudad, dijo que el DT de Boca tenía que tener 40 años. Bianchi le respondió que tiene 63...
8. Bianchi ha dicho que sí. Pasado mañana lo presentan en la Bombonera. Esperamos que él, por sobre Angelici y los dirigentes de cuarta, sea el que tenga el control de lo que pasa en el futbol de Boca. Que salgamos en los diarios por los goles y los títulos y no por el cabaret y por los puteríos del periodismo.
9. Lo que falta es el regreso de Román. Que anhelamos todos y descontamos que con Bianchi será posible. Pero con el Tolo en el Rojo, el Pelado en River, y Bianchi en Boca (mas Martino, Gareca, el propio Guillermo) el campeonato argentino se jerarquiza, al menos en los bancos de suplentes.

Cada vez que reaparece una vieja gloria lo celebramos por partida doble. Por la expectativa de que repitan y porque al ponernos viejos empezamos a ver aquellas páginas amarillas con más oro del que entonces creíamos que tenían. Ni Bianchi será aquel Bianchi ni Román aquel Román, pero es bueno que haya un poco de justicia en la Boca, que se escuche al hincha de verdad y no a los que están pagos (que, como los que están pagos en otros lados, tienen conflictos de intereses para ser verdaderamente independientes). Para Bianchy y para Riquelme es el último desafío. Nos han hecho ganar todo. Esto que esperamos que sea una alianza virtuosa es la chance que se dan de irse de Boca con toda la gloria. Que se nos dé.

martes, 11 de diciembre de 2012

El que sabe, sabe, y el que no es presidente

No vamos a hablar de política nacional. Vamos a hablar de lo que sabemos.
Angelici confirmó la capitulación frente al Bombonerazo que le hicimos el sábado. Por un momento se acordó de la democracia y le dió la derecha al pueblo boquense, que no quiere a Falcioni. Hizo marcha atrás en su ofrecimiento de renovación contractual y - de común acuerdo - resolvieron que Falcioni ya no es más el DT de Boca.
No puede pensarse en el acto de Angelici como uno de demagogia, porque el desdén por el equipo de Falcioni se manifestó muchas veces, en las redes sociales y en la cancha misma. En parte puede ser que Macri y Angelici adviertan que si los hinchas de verdad piden a Riquelme y a Bianchi es porque están disconformes. En esto revelan ser un poco mejores que sus colegas políticos que se arman actos a favor y luego les dicen a sus fieles: "si ustedes no aflojan yo tampoco aflojo". Angelici y Macri podrían decir que la 12 no cantó a favor de Riquelme y de Bianchi sino a favor de Boca. Pero se dan cuenta que la opinión que verdaderamente cuenta cuando hablamos de democracia es la voz de los que no son clientes, becarios, o súbditos.
Sin embargo, en su conferencia de prensa de anoche, Angelici deslizó que fue "la cadena nacional de Riquelme" la que predispuso a los hinchas a insultar a Falcioni y al propio Angelici. Repite aquí Angelici la fórmula de la presidenta de la nación. Piensan que somos idiotas a los que no dicen lo que tenemos que hacer. Piensan que no podemos pensar por nosotros mismos. Es natural que piensen así porque, como reza el dicho, "el ladrón piensa que todos son de su clase". Para quienes están acostumbrados a que les digan todo que sí, para los que disponen lo que es verdad y lo que es mentira por decreto, siempre es una piedra en el zapato que alguien les diga que piensa diferente, sean ellos periodistas, jueces de la nación, hinchas o jugadores de fútbol. Pero se equivocan. Y es bueno que le presten atención al testimonio de los que no somos pagos, de los que somos independientes de verdad.
Boca no ha jugado a nada en todo el período de Falcioni como DT, excepto cuando estuvo Riquelme en la cancha. Ganó algunos títulos - uno invicto - y disputó una final de Libertadores que pudo ganar. Eso fue todo y es tiempo de cambiar.
Que el cambio quede en manos de estos dirigentes es, ciertamente, peligroso. Porque no saben de fútbol. Macri le debe a Bianchi y a Riquelme (y a algunos, desde Bermudez a Palermo, de Guillermo Barros Schelotto a Samuel) toda su gloria política. Probó con Bilardo y fracasó. Probó con Veira y el fue mal.
Angelici debería, al menos, reparar en esa experiencia. Porque, al igual que Ameal, que Macri y que la mayoría de estos dirigentes, no entiende nada de fútbol. Porque, como dijo el Flaco Menotti de Niembro y Victor Hugo, uno ni siquiera se los imagina vestidos de jugador de fútbol. Son buenos para hablar de guita y de poder. Eso sí que saben. Son maestros. Usan a Boca como trampolín. Macri para acumular poder. Angelici, supongo, guita.
Conozco a Martucci de su paso por el gobierno de la Alianza, cuando era la mano derecha del ministro del interior, Federico Storani. Sin adjetivar, que sea Martucci el Secretario General de Boca revela de manera contundente a qué vino Angelici a Boca. Porque si vos me decis que sos un Passarella, un tipo que sabe todo de este deporte y necesita rodearse de alguien que entienda de rosca todo bien. Pero si sos Angelici, lo mínimo que necesitas es, para citar un caso exitoso, un Bassedas. Ahí está la diferencia. Velez gano todo, entre otras cosas, porque sus dirigentes comprenden que el fútbol es de los jugadores. Entonces traen a Bassedas de manager, lo dejan resolver, y traen a Gareca y le hacen un contrato de largo plazo. Y ellos, los dirigentes de Velez, pienso en Raffaini, están de paso. No usan a Velez como usina ni como tribuna política. Están un par de años y vuelven a sus oficios particulares. No piensan en reelección ni en re-elección, ni en cambio de estatutos ni en reformas constitucionales, ni en apretar a la corte. Así ganan campeonatos.
Hoy, aunque parezca una ironía, River está en mejores manos que Boca. Passarella sabe que no tiene nada pero mira partidos de fútbol y sabe lo que se juega en el sillón que ocupa. Angelici es un zombi, o un títere, que piensa que es Riquelme el que nos lleva de las narices a putear a Falcioni.
Que viene ahora? Lo que venga será mejor. Bianchi es difícil, aunque no me imagino que estos perejiles se puedan animar siquiera a sugerirle condicionamientos futbolísticos (como no contar con Román). Arruabarrena es de la casa. Gareca no. En estas discusiones se advierten las diferencias entre los verdaderos hinchas de Boca y los de cartón (categoría que incluye a jóvenes que no se preocupan por alfabetizarse, futbolísticamente hablando). Gareca y Ruggeri son malas palabras.
Guillermo Barros Schelotto y Cagna son ambos candidatos respetables, pero por el momento están ocupados. Y Bianchi y el Vasco son buenos amigos y admiradores de Román. Uno no se los imagino prescindiendo del 10. Por eso, la sabiduría popular le aconseja a Angelici dedicarse a lo que sabe, seguir facturando y dejarle el fútbol a los que junan de esto. Total, mientras siga siendo presidente de Boca siempre habrá lugar en la foto de campeones para acomodarse y anotarse el poroto.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Se puede


Interrumpimos este largo silencio, que coincide con el silencio ausente de JRR, para celebrar lo que los medios anticipan como la primera victoria del pueblo xeneixe respecto de su dirigencia. Jorge Amor Ameal puso al frente de Boca a Julio Cesar Falcioni. Y el binguero Angelici, parece, le ofreció renovar su contrato esta semana en una cena en Puerto Madero que el presidente de Boca se ocupó de difundir ampliamente, fotos mediante.
Para los que contábamos los días para la salida de Falcioni, esa noticia fue un cachetazo descorazonador. Para Román fue una afrenta que, desencajado, salió a criticar, perdiendo su habitual compostura. Estaba y está enojado Román. Y con razón. Porque dió el paso al costado para no cargarse al DT y demostrar que Boca no juega a nada si no juega Riquelme. Y con los números en la mano, los de la tabla de posiciones y los de la cantidad de pases y tiros al arco del Boca de Falcioni, esperaba la salida de Falcioni en este fin de año, sin nadie que lo defienda que no sean sus incorporaciones (Somoza, Erviti, y Silva, de paso olvidable por Boca).
Ayer, a pesar del calor, después de mucho tiempo, volví a la cancha de Boca. A despedir al Flaco Schiavi (el "se puede" también vale para él, que jugo en Chile aquel partido de vuelta en 2003 con apendicitis) y a putear a Falcioni, a pedir que se vaya. Los mercenarios de la 12, los empleados de Angelici, los beneficiario$ de Palermo y demás cómplices, los punteros del peronismo, del kirchnerismo y del macrismo, nos taparon cada vez que gritamos por Román y por Bianchi. No por desmemoriados, porque en esa época ganaban fortuna$. Sino porque nunca recibieron "subsidios" de JRR y del Virrey. Pero el amor le gana a la violencia. Y la razón le gana al fanatismo de los que gritan "cantá por Boca la puta que te parió" pero no cantan por Boca cuando les piden lo contrario.
Lo de ayer, como tantas veces antes, renueva el quiebre entre los hinchas de Boca de verdad y la barra brava. Y el abismo que separa al pueblo de Boca de sus dirigentes, de los macristas y de los kirchneristas (que, por otra parte, en la CABA votan siempre juntos en los negocio$ importantes). Ellos son los que hacen ruido, los que salen en los diarios. Ellos los que gritaban por Maradona o por Palermo cuando nosotros bancábamos a Román. Pero el amor es más fuerte.
Hoy, retomo desde donde empezaba, comienza a sugerirse que ni el improvisado Angelici quiere ir para adelante con la renovación de Falcioni ni Falcioni se banca que vayamos afinando las gargantas en este fin de 2012 para ir a la cancha nada más que a putearlo. Enhorabuena si es así. Aunque es una pena que nos fuercen a hacer esto, a ir a putear en nuestra casa, para hacer lo que es justo.
No sé si Bianchi querrá volver a Boca. Pero Román sí quiere y se merece volver. No por su pasado, que lo ha hecho el mejor jugador de la historia de Boca. Sino por su presente reciente, que lo ha hecho el mejor jugador del actual plantel de Boca.
Si Angelici quiere prescindir de él, como presidente de Boca y no de un clubcito de la B, tiene que traer a uno tan bueno como Riquelme. De lo contrario, y no ya por una cuestión de justicia sino por su propio interés, económico y deportivo, se tiene que tapar la nariz ydevolvernos al ídolo. Que nos devuelva la alegría de verlo jugar, todavía cerca de la plenitud, los últimos meses de su carrera. Que le dé las llaves del club, como se la dieron a Verón en Estudiantes, al Bocha en Independiente, aal Beto Alonso en River.
Porque el fútbol es de los jugadores. Ni de los dirigentes ni de los técnicos. Si Boca, con Riquelme, no vuelve a jugar una final de Libertadores en el 2013, se puede reconsiderar su presencia. Pero hoy, incluso desde el punto de vista estrictamente deportivo, sin pensar en el pasado, sin afectos de por medio, Román sigue siendo la mejor, la única esperanza, de este Boca que se arrastra por la cancha sin ánimo y sin jerarquía, sin hilvanar tres pases seguidos.
En tren de buscar reemplazantes - con la prudencia de saber que por ahí son trascendidos y vuelven a dejarnos con las ganas - espero que sea el turno del vasquito Arruabarrena, a quien seguimos desde que jugaba en la Candela en la sexta. Entonces le decían Bordet, por aquel rubio con rulos de oveja que jugaba en el Boca de los 80. Fue parte del Boca glorioso de Bianchi, de la gran campaña del Villarreal de España, y - ya de vuelta a Argentina - de aquel gran equipo de Tigre de Diego Cagna que peleó el campeonato del 2008 con el Boca de Ischia y el San Lorenzo de Russo. Su Tigre jugó un fútbol exquisito, con Cachete y con Román Martínez, con el poco material que tuvo a mano.
Con la banda de Román y los pibes que piden pista desde abajo, este Boca está llamado a llevarse todo de nuevo si agarra el timón alguien de la casa - Bianchi también lo es - con el temple necesario para jugar a lo Boca y para reponer al Topo Gigio en su lugar.
Que así sea.