
Supongamos, amigo lector, que lo descubren haciendo algo moralmente objetable. Digamos que lo descubren metiendo la mano en la lata, traicionando a un amigo, cagando a su pareja, etc. Supongamos que quien lo acusa tiene prueba documental que lo incrimina: está grabado. Uno puede imaginar formas diversas de defenderse frente a la acusación, pero la que cae de maduro es la de desmentir la prueba. Porque fue obtenida bajo condiciones que la invalidan (por ej., bajo tortura), porque no es auténtica (por ej., es una grabación falsa), porque aún siendo verdadera Ud. se ha arrepentido públicamente de ella. Lo que sería absurdo y hasta insultante es que Ud. utilice el testimonio del incriminado para ayudarlo. Por ejemplo, si se lo acusa de haber abusado de una menor, mal puede Ud. aportar en su defensa una carta de la menor declarándole su amor cuando tenía, digamos, 10 años. Si se lo acusa de haber metido la mano en la lata de los dineros públicos, mal puede Ud. invocar el testimonio de su jefe o del jefe de su jefe diciendo que Ud. era un buen empleado.
Pues bien, esto es lo que hace Victor Hugo Morales en respuesta a la acusación, contenida en el libro “Relato oculto”, de los periodistas uruguayos Leonardo Haberkorn y Luciano Álvares, que publica la editorial Planeta (ver
acá). En lugar de atacar la prueba, el audio de la grabación de un discurso de homenaje a un mayor del ejército uruguayo Grosso, en un centro de detención clandestino llamado Batallón Florida. En el programa de Lanata aparece un dirigente tupamaro describiendo ese centro, en el que estuvo detenido ilegalmente, y sus conversaciones con oficiales del ejército uruguayo que le contaban como usaban a VHM y a otros periodistas para "lavarle la cara" al Batallón Florida, que tenía fama bien ganada de centro del terror. El libro Haberkorn y Álvares suma además el testimonio de otros oficiales de Ejército (Cedrés, Rosales, Pla, Beneditto, Velasco y Sequeira) indicando que Victor Hugo visitaba el cuartel entre 1975 y 1978 para jugar al fútbol, al básquet, al pool y a la paleta, para comer con ellos, para participar de reuniones sociales.
En respuesta, Victor Hugo imprimió un librito, que tituló Uruleaks (ver
acá, en la página del relator del relato), en el que amontona agravios contra los colegas que lo denuncian, conspiraciones afiebradas de sus enemigos para difamarlo, y material desclasificado de inteligencia del ejército uruguayo que indicaría que los militares de entonces lo seguían. VHM dice que hasta lo tuvieron preso por 20 días, pero no aporta mas que conjeturas cuando le hacen notar que fue en cana por agarrarse a las piñas con un rival en un partidito de barrio. VHM dice que el partido era en un barrio que había gente de la Marina... aunque dice que no tiene pruebas para identificar a nadie (ver
acá). Y además suma los testimonios de sus amigos Marcelo Araujo y Fernando Niembro, en notas periodísticas, diciendo que cuando lo fueron a buscar a Uruguay, Victor Hugo tenía fama de "zurdo". Araujo y Niembro. Nada menos. Ambos relatores oficiales del mundial de fútbol del 78. Niembro, además, anunciando los ominosos indultos de Menem a los genocidas. Los militares pueden haber escrito eso y mucho más. Pero lo que hayan hecho los militares no "limpian" el prontuario de Victor Hugo, como no limpia el de Jacobo Timerman el hecho de haber sido encarcelado (y hasta torturado) por Camps. La historia no es lineal; los milicos desconfiaban hasta de ellos mismos. Pero el audio con las palabras halagadoras de VHM a los jefes del Batallón Florida sigue ahí.
Cesar Luis Menotti decía de VHM que era una culebra que vino en un camalote desde el Uruguay. Por decirle
“culón”, “cobarde” y "matón del micrófono", el uruguayo le hizo juicio al director técnico. Sus abogados
habían pedido una pena de un año y seis meses de prisión para Menotti. El juez lo absolvió, considerando que lo de Menotti fue
una “legítima defensa” por injurias previas de Morales (ver acá). Para el cierre, una nota sobre las palabras de Menotti publicadas en Página/12, allá por el 98, cuando todavía era Página/12 (acá):
Pero no se te ocurra decirle a un pudoroso inseguro [por VHM] que... los fundillos de sus pantalones delatan cierta tendencia a gramos de más en geografía no deseados. Te manda a juicio oral y público. Y te sobreseen o no te comiste el garrón. De todos modos, te quedará el consuelo de que el otro seguirá “corriendo sentado” y que la gente a la salida de la cancha le seguirá pidiendo autógrafos, alguno le gritará “aguante...”, otro le alcanzará un papelito con su nombre para ser citado en la próxima transmisión, pero casi todos inexorablemente le mirarán de reojo el fundillo de los pantalones.