Salvo que pase algo muy raro, Argentina va a jugar el mundial del 2014 en Brasil conducido desde el banco por Alejandro Sabella. Enancado en un Messi insuperable, por lejos superior al Maradona del 86, Argentina se ha encaminado rápidamente a la clasificación. Y la suma de resultados positivos ha generado una ola triunfalista que ciega al periodismo vernáculo. Me sorprendió leer una columna muy elogiosa de Pucho Pagani - uno de los pocos que lee bien el fútbol, más del personaje televisivo que ha construido - sobre la selección de Sabella, luego del triunfo ante Venezuela (ver acá). La borrachera triunfalista se completó con el empate con sabor a triunfo frente a Bolivia en la altura de La Paz.
Con la clasificación en el bolsillo, Sabella comienza a delinear la lista de convocados y a mandar mensajes en esa dirección: habría ya 16 confirmados (ver acá), de no mediar lesiones o complicaciones inesperadas.
No es poco tener una base de cara al Mundial, a más de un año de la competencia. Y es una simplificación imperdonable reducir el fútbol de un equipo a su plantel o a la lista de convocados. Pero el DT define mucho cuando incluye a un delantero o a un defensor más. Y eso es lo que va haciendo Sabella, parece.
Romero, Garay, Zabaleta, Fernández, Mascherano, Gago, Higuaín, Agüero, Di María, Messi. Falta un lateral izquierdo, si es que va a defender con cuatro en el fondo. Y ya está. Difícilmente haya lugar para Tevez, para Pastore, para Ricky Alvarez, para D'Alessandro, para Lamela. El equipo carece de líderes emocionales. Y aunque tenga algunos jugadores de buen pie, la apuesta no es la posesión.
Es que se enfrentan los dos modelos ideológicos en la conducción de Sabella. Los podríamos resumir en el Sabella jugador: el Sabella de Labruna versus el Sabella de Bilardo. Desde luego que la dicotomía es un poco falsa, porque Sabella la rompía en River y en Estudiantes (y porque ese Estudiantes de Bilardo jugaba Fútbol De Buen Pie, a pesar de algunas trampas). Pero los modelos se enfrentan cuando hay que tomar decisiones y cubrir espacios en la cancha con jugadores de un perfil más ofensivo y de tenencia, o por el contrario, jugadores más sacrificados pero de menos vuelo. Por ejemplo, si lo que falta es alguien que haga la raya por la izquierda, uno puede pensar en Di María como un lateral volante (esto es lo que haría un Menotti), o pensar en un central que juegue de 3 (digamos, un Chamot o un Sensini) y hacer que Di María juegue de 11 (eso es lo que haría un Bilardo).
En estos caminos que se bifurcan es donde parecería que Sabella elige ser el de Bilardo por encima del de Labruna. Habría que ser amigo de Sabella para conocer sus razones, pero lo cierto es que su apuesta es la de Bilardo en el 86. Darle la cinta de capitán a Maradona, tenerlo feliz, y prenderle velas a la virgen para que Diego se ilumine. A Bilardo le salió bien y Argentina fue campeón y subcampeón del mundo en el 86 y el 90. Pero con ese Diego, Argentina podría haber ganado con mucho más tiki-tiki. No nos olvidemos que en el banco descansaban Bochini, Trobbiani, y Tapia. Al fin y al cabo, y salvando las distancias, Trobbiani (o el mismo Sabella), pudo ser su Xavi, y el Bocha pudo ser su Iniesta (ver acá), y esa Argentina pudo ser el antecedente de esta España que se ha llevado un mundial y dos eurocopas al hilo.
Pero no. En el modelo del 86, el buen fútbol no era un fin en sí mismo sino una herramienta para ganar partidos. Bilardo podía poner a Bochini o a Trobbiani si las circunstancias lo permitían o si el partido lo pedía (si había que tenerla, por ejemplo). Pero no había en ese equipo un afán por gustar y golear. La cosa era ganar como sea. Y lo que pudo ser el antecedente del Barsa de Guardiola terminó siendo apenas una tonelada de humo periodístico acerca de la defensa de 3, con líbero y stoppers, y otros neologismos como el carrilero, además de la carga ideológica de sentenciar la muerte del wing.
Algún problema en eso? Bueno, si el que defiende el sistema es un tano no hay problemas; al fin y al cabo son consistentes. El problema con Bilardo es la mentira. Porque ese equipo no defendía con 3 en el fondo, y de hecho arrancó el primer partido de zona con Clausen y Garré en las bandas. Ese equipo no tenía stoppers, Cucciufo era tercer suplente, y esa noción del stopper salió para el partido contra Alemania para parar a Voeller y Rummenigge, que fueron, precisamente, los autores de los dos goles con los que Alemania levantó el 0-2, en 15 minutos, con dos goles de cabeza.
Argentina ganó ese mundial y jugó la final del siguiente sólo por Maradona, que ganó todos los partidos decisivos de la serie haciendo cuatro goles. Amigo: vuelva a ver el partido de cuartos de final contra Inglaterra y la semifinal contra Bélgica. Argentina sólo pudo ganarle a dos equipos mediocres gracias a Maradona, que le hizo dos goles a Inglaterra y dos a Bélgica.
Messi, que acaba de cerrar una rueda convirtiéndole goles a todos los equipos de la liga española, que lleva 42 goles en 25 partidos, promete lo mismo o más que Maradona en el 86. Y Sabella, entonces, elige ser el Sabella de Bilardo, porque piensa que quedará en la historia no por la belleza del equipo en el que juegue Messi, sino por levantar la copa que no se levanta desde el 86. El resultado determinará si "tenía razón".
Aunque nos caiga mejor que su mentor, porque vende menos humo, el fútbol pragmático de Sabella sólo quedará en la historia por los resultados, si es que los consigue. A eso iremos a Brasil en el 2014. A ganar como sea, Messi mediante.
Por supuesto, si Messi se manca, por las razones que sea, siamo fuori.
lunes, 1 de abril de 2013
domingo, 31 de marzo de 2013
Bergoglio es Santo y Laverni es Diablo
Aunque Boca haya sido más de lo mismo, aunque no haya merecido ni siquiera ese empate de visitante jugando 80 minutos con uno de menos, la decisiva actuación de Laverni de esta tarde es reveladora de que será difícil que Independiente juegue en el Nacional B a partir de Agosto de 2013.
Buena noticia para los hinchas del rojo y tal vez para el fútbol argentino, que se desprestigia cuando uno de los grandes se va a la B. Pero un fastidio para los hinchas que padecen fallos injustos y bombeo permanente frente a Independiente.
La actuación descollante de Orión impidió a Independiente la victoria. De hecho, si hubiera justicia Orión se hubiera ido con el arco invicto del Libertadores de América. La mano de Laverni se hizo sentir bien temprano con el penal dudoso que le cobran, de nuevo, a Chiqui Pérez, esta vez por tropezarse con Leguizamón. Rolfi Montehielo (como le dice el contra de Olé), se tomó un tiempo más para ver para qué lado iba Orión, pero el arquero fue más paciente y no le dió pistas, y se quedó con el remate cruzado del Rolfi. No quedaba ni siquiera el chivo expiatorio del tecla Farías errando penales...
Pero como seguía 0-0, Laverni no dejó pasar ni cinco minutos y echó de la cancha a Cellay por agarrarse con Leguizamón a 40 metros del arco de Orión con tres defensores volviendo. Laverni, con cara de piedra, declara que lo echó por último recurso, aunque Leguizamón no había ganado ni la posición ni la pelota para irse derecho al gol (desde luego que esto no excusa el nuevo tonto penal de Pérez ni el nuevo tonto error de Cellay que jugaba de frente a un pelotazo reventado desde el fondo de Independiente que cualquier defensor con mínima carpeta hubiera controlado sin despeinarse).
Pero no se trata de un tema de rigidez en la interpretación del reglamento, sino de inconsistencia. A la jugada siguiente, Vargas, el ex-jugador de Boca, es eludido por Sanchez Miño. El colombiano lo detiene con un codazo en la cara. Por mucho menos lo expulsó Baldassi en aquel partido en el Monumental por semifinales de la Libertadores en 2004. Por muchísimo menos este mismo Laverni echó a Cellay cinco minutos antes. Pero no, fue amarilla.
El primer tiempo terminó 1-0 a favor de Boca por obra de la jerarquía y la pegada de Sanchez Miño y el buen cabezazo de Silva. Debió haber terminado con 9 jugadores de Independiente, porque Laverni le perdonó a Fredes una falta de atrás a Pol Fernández cuando el volante de Independiente ya tenía amarilla.
En el entretiempo siguió Laverni con su trabajo y echó a Bianchi por llegar 30 segundos tarde. Y mientras los hinchas del Rojo desesperaban y Gallego amontonaba delanteros, Caicedo y Montenegro seguían errando goles, Orión sacaba todo lo que le tiraban, y Farías esperaba en vano repetir la hazaña del 5-4 del torneo anterior cuando le cortaron al Boca de Falcioni un invicto de 40 partidos en la Bombonera.
Independiente no podía con Orión. Y entonces apareció de nuevo en escena Laverni para darle un gol en offside a Independiente y lograr por izquierda lo que el Rojo no podía anotar por derecha. Orión tapó el tiro del Tecla, adelantado un metro y medio - como se muestra en la repetición, a la vista del juez de línea, que se hace el dolobu - pero Morel Rodríguez encontró el rebote, convirtió el empate mal habido y hasta lo festejó con "su gente" (la de Independiente, jeje).
Boca fue, otra vez, impresentable en defensa. Sin Riquelme y sin Erbes, todo lo que tuvo para ofrecer fue la actuación descomunal de Orión y el talento y el criterio de Sanchez Miño. Silva y Ledesma no desentonaron, Bravo tuvo un debut aceptable, y al Burrito le faltaron siempre cinco para el peso.
Por el trámite del partido, de visitante, con uno de menos por casi 80 minutos, y con Laverni jugando abiertamente en contra, el resultado es exitoso. Pero queda el sabor amargo de saber que el equipo amargo no hubiera empatado sin la ayuda del diablo Saúl. Un preanuncio de que el Rojo no se va.
Buena noticia para los hinchas del rojo y tal vez para el fútbol argentino, que se desprestigia cuando uno de los grandes se va a la B. Pero un fastidio para los hinchas que padecen fallos injustos y bombeo permanente frente a Independiente.
La actuación descollante de Orión impidió a Independiente la victoria. De hecho, si hubiera justicia Orión se hubiera ido con el arco invicto del Libertadores de América. La mano de Laverni se hizo sentir bien temprano con el penal dudoso que le cobran, de nuevo, a Chiqui Pérez, esta vez por tropezarse con Leguizamón. Rolfi Montehielo (como le dice el contra de Olé), se tomó un tiempo más para ver para qué lado iba Orión, pero el arquero fue más paciente y no le dió pistas, y se quedó con el remate cruzado del Rolfi. No quedaba ni siquiera el chivo expiatorio del tecla Farías errando penales...
Pero como seguía 0-0, Laverni no dejó pasar ni cinco minutos y echó de la cancha a Cellay por agarrarse con Leguizamón a 40 metros del arco de Orión con tres defensores volviendo. Laverni, con cara de piedra, declara que lo echó por último recurso, aunque Leguizamón no había ganado ni la posición ni la pelota para irse derecho al gol (desde luego que esto no excusa el nuevo tonto penal de Pérez ni el nuevo tonto error de Cellay que jugaba de frente a un pelotazo reventado desde el fondo de Independiente que cualquier defensor con mínima carpeta hubiera controlado sin despeinarse).
Pero no se trata de un tema de rigidez en la interpretación del reglamento, sino de inconsistencia. A la jugada siguiente, Vargas, el ex-jugador de Boca, es eludido por Sanchez Miño. El colombiano lo detiene con un codazo en la cara. Por mucho menos lo expulsó Baldassi en aquel partido en el Monumental por semifinales de la Libertadores en 2004. Por muchísimo menos este mismo Laverni echó a Cellay cinco minutos antes. Pero no, fue amarilla.
El primer tiempo terminó 1-0 a favor de Boca por obra de la jerarquía y la pegada de Sanchez Miño y el buen cabezazo de Silva. Debió haber terminado con 9 jugadores de Independiente, porque Laverni le perdonó a Fredes una falta de atrás a Pol Fernández cuando el volante de Independiente ya tenía amarilla.
En el entretiempo siguió Laverni con su trabajo y echó a Bianchi por llegar 30 segundos tarde. Y mientras los hinchas del Rojo desesperaban y Gallego amontonaba delanteros, Caicedo y Montenegro seguían errando goles, Orión sacaba todo lo que le tiraban, y Farías esperaba en vano repetir la hazaña del 5-4 del torneo anterior cuando le cortaron al Boca de Falcioni un invicto de 40 partidos en la Bombonera.
Independiente no podía con Orión. Y entonces apareció de nuevo en escena Laverni para darle un gol en offside a Independiente y lograr por izquierda lo que el Rojo no podía anotar por derecha. Orión tapó el tiro del Tecla, adelantado un metro y medio - como se muestra en la repetición, a la vista del juez de línea, que se hace el dolobu - pero Morel Rodríguez encontró el rebote, convirtió el empate mal habido y hasta lo festejó con "su gente" (la de Independiente, jeje).
Boca fue, otra vez, impresentable en defensa. Sin Riquelme y sin Erbes, todo lo que tuvo para ofrecer fue la actuación descomunal de Orión y el talento y el criterio de Sanchez Miño. Silva y Ledesma no desentonaron, Bravo tuvo un debut aceptable, y al Burrito le faltaron siempre cinco para el peso.
Por el trámite del partido, de visitante, con uno de menos por casi 80 minutos, y con Laverni jugando abiertamente en contra, el resultado es exitoso. Pero queda el sabor amargo de saber que el equipo amargo no hubiera empatado sin la ayuda del diablo Saúl. Un preanuncio de que el Rojo no se va.
sábado, 23 de marzo de 2013
Cero onda
Tal vez los comunicadores transmitan otra cosa mañana, pero habiendo estado en los dos últimos partidos de local de la selección argentina, me quedo con la sensación de que no hay química entre la sensibilidad futbolera promedio y este equipo. No basta con tener al mejor jugador del mundo en plenitud, batiendo récords también con la celeste y blanca. No basta con volver a golear al rival en el Monumental, mantener el invicto de local, y promediar 3 goles por partido. No basta con estar 5 puntos arriba de lo que estaba hace 4 años la selección de Maradona (que, casualmente, había debutado con goleada frente a Venezuela).
Las razones por las que no despierta pasiones son insondables. Carece de jugadores carismáticos y de líderes fuertes (no comparo con Maradona ni Passarella, sino con otros líderes menores que no ganaron nada pero despertaban simpatías importantes, desde Simeone hasta Verón, desde Batistutta hasta Ruggeri, desde Ayala hasta Tévez, desde Ortega hasta Riquelme). El técnico tampoco ayuda, porque su tono monocorde hace aburrirnos antes de poder prestarle atención a lo que dice.
Aunque esta noche el penal que convirtió Messi no haya sido penal y aunque el segundo gol de Higuaín fuera en offside, Argentina está cuatro goles arriba de Venezuela. Por lo tanto, las evaluaciones son un sinsentido. Por ejemplo, la gran actuación de Montillo y las expectativas de jugar con enganche como él serán, me parece, tan efímeras como la categoría con la que salía jugando desde el fondo el Chiqui Perez anoche contra los delanteros de Excursionistas.
La selección, con este ataque, hará estragos frente a equipos que no saben defenderse y que tampoco tienen mucho para ofrecer en ataque. Cuando lleguen los equipos importantes, los que pueden hacer bien las dos cosas o al menos una de ellas, el futuro se ennegrece. Mientras tanto, se sigue defendiendo con Federico Fernández y con Garay. Rojo y Zabaleta se afirman (?) en las bandas, y Gago y Mascherano se consolidan (?) como doble-cinco.
De todas maneras, no cometamos el error de los que reducen el equipo a los nombres propios. Hay una apuesta de Sabella. Y Pachorra no la caretea: el Norte es la selección del 86. Y la "ciencia", la "revolución", "el modelo" (para usar otra expresión trillada), es la misma del maestro de Sabella: prender velas y seguir las cábalas para que Messi llegue sano, fino, y de buen humor al 2014. Hacernos creer que lo que lo hace jugar bien es la cinta de capitán, como al Diego en el 86. Si el tipo mantiene el promedio de un gol por partido, la historia consiste en cerrar los caminos para que le conviertan al equipo. No hay una apuesta a presionar arriba, a la manera de las selecciones de Passarella o de Bielsa. No hay tampoco una convicción por la tenencia - a la manera de las selecciones de Menotti, Basile, o Peckerman - siguiendo el principio de que si se juega con solo una pelota, cuando la tengo yo no me atacan. La apuesta es clasificar primero al mundial y luego a la segunda ronda del mundial. Y luego esperar que Messi haga la diferencia en los cruces mano a mano como hizo Diego en el 86. Si está inspirado, aunque al alumno de Zubeldía le hicieran dos goles de cabeza en 15 minutos para levantarle un 0-2, todavía se puede ser campeón del mundo. Y si lo único que importa es el resultado, seremos unos pocos los que denunciemos la pobreza futbolística del equipo de Messi (aquí dicho literalmente).
En este terreno, me parece que lo único que puede aportar Sabella, en materia defensiva, está ausente. Argentina es un equipo vulnerable, al que se le puede hacer mucho daño si se lo ataca. Aunque uno debe de tener algo con lo que atacar. Eso es lo que le faltó esta noche a Venezuela. Pero no nos engañemos. Porque en octavos de final solo podemos toparnos con Venezuela u otro de su talante solamente en un bar.
martes, 19 de marzo de 2013
Habla el que piensa
No hay mucho que agregar cuando Román tiene ganas de hablar y de educar con sus verdades. Aquí algunas píldoras de la jugosa entrevista de ayer:
- "Si el equipo defiende mal, la culpa es de los once y no sólo de los defensores. Seguramente, perdemos la pelota muy rápido todos. A la hora de atacar es lo mismo. Al fútbol no se defiende sólo con los defensores, ni se ataca sólo con los delanteros... si queremos atacar bien, tenemos que defender bien. Esto es muy sencillo".
- "Nosotros tenemos que confiar mucho en el equipo que tenemos. Tenemos un entrenador que ha ganado mucho, que exige mucho. Y tendríamos que hacer que eso nos juegue a favor y no en contra. Y también tenemos que lograr ser fuertes de local. Si queremos ser protagonistas de la Copa hasta el final tenemos que hacernos fuertes en casa. Si no sos fuerte de local, no se gana. Tenemos la ilusión de clasificar y de llegar a los mano a mano, que es donde para mí realmente empieza la Copa, y esperamos mejorar para intentar llegar hasta el final."
- "Siento que el fútbol es raro. Es lindo, es un juego, pero es raro. En Uruguay pateamos una vez al arco y ganamos, y contra Nacional de local llegamos 10 veces y perdimos".
- "Ojalá la gente nos tenga paciencia, porque la noto muy nerviosa. El hincha tiene que entender que si ellos están nerviosos algunos jugadores eso lo sienten. Tenemos que ser un solo grupo. La gente, los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores."
- "Da alegría ver jugar al Barcelona. Me pone contento. Soy de pensar que Barcelona ha tenido mucha fortuna. Tiene a cuatro o cinco jugadores que, en su posición, son los mejores del mundo. Puyol, Pique, Iniesta, Xavi, Messi, antes Abidal, todos contemporáneos. El resto acompaña. Se sienten los mejores y juegan como los mejores. Han ganado todo y siguen jugando cada vez mejor. Para mí es increíble ver jugar a Iniesta. Así como Messi es inigualable, Iniesta también."
- "Al fútbol se juega con una pelota. Si la tenés vos, es difícil que te conviertan. Barcelona arranca casi todos los partidos confiados en que como mínimo empatan 0 a 0. Es muy difícil hacerle un gol a un equipo que tiene la pelota en su poder 75 minutos. Y eso que son todos enanos."
PD: también dijo que "al único que lo obligan a jugar lindo es a Boca. Al único que le exigen a que haga tres pases seguidos es a Boca", pero esa parte la omito porque es inconsistente con las declaraciones de la época de Falcioni en las que marcaba que algún día la suerte se iba a terminar. Queda hecha la aclaración.
viernes, 15 de marzo de 2013
Sufre pero vive
Como si hubiera sido favorecido por la estela de una bendición papal, Boca pasó de la sal a la diosa fortuna y se acomodó en el grupo de la Libertadores con otra victoria de visitante.
La cosa empezó bien, promisoria, con no tanto fútbol pero buena presión arriba. Con no tanto juego asociado pero con llegadas más o menos claras. Tirando el offside bastante lejos para achicar la cancha. Hasta que una amarilla bien sacada a Chiqui Perez se transformó en roja por un penal zonzo al delantero de Nacional al que la pelota sobraba. Fue expulsión y penal en contra. El presagio de otra noche salada, de que a Boca le anoten de manera injusta cuando había sido sensiblemente superior en esos primeros 20 minutos de partido. Pero Alonso no fue el Beto y pateó el penal por arriba del travesaño.
Como dijo Macaya en la tele - hace falta Macaya en el Fútbol Para Todos - Bianchi hizo bien en no apurar cambios para reacomodar la defensa. Puso a Erviti como una especie de doble 5 con Erbes y mandó a Ribair a la posición de Pérez (al que habría que mandar a la reserva por algunas fechas para que madure un poco). El gol llegó de penal, un penal igual de dudoso que el que le cobraron en contra a Boca, por agarrón. Román lo transformó en gol.
Y a ese partido le sobraron los 50 minutos que faltaban. Porque si después de la expulsión y el penal en contra Bianchi firmaba el empate ahí mismo, 1-0 arriba a cosa era negociar como hacer para adelantar el reloj. A eso salió Boca en el segundo tiempo. Planteo desde luego legítimo, dada la inferioridad numérica.
Los primeros 10 minutos del segundo tiempo fueron muy buenas. Boca llegó poco, pero mucho más que Nacional. La clave: tener la bola, manejar los tiempos. Román tomó la batuta y con la ayuda de Erbes, Erviti, alguna subida de Clemente, Viatri aguantando y el Burrito intentando Boca se defendió con la pelota y terminó jugando mejor con diez que con once (todo un mensaje para Chiqui Perez... habría que ver si con 9, sacando a Sosa, mejora aún más).
Pero de a poco, y especialmente a partir del ingreso del Chino Recoba, Nacional lo fue empujando a Boca hacia su propia área. Salieron Erviti y el Burrito, agotados, ingresaron Ledesma y Somoza, para aguantar y para cabecear, porque se sabía lo que se venían eran centros al área de Boca. Las piernas fueron flaqueando y cada vez fue más difícil defenderse con la pelota. Bianchi arrió esa bandera y en los últimos cinco minutos mandó a Caruzzo a cabecear, en reemplazo de Román, que si no fuera Román debería haber salido antes, porque no corre (ni su función es correr, desde luego).
Finalmente, y luego de sufrir por casi 70 minutos, se ganan tres puntos de oro para estar de nuevo con chances ciertas de clasificar a la segunda ronda. Con el arco en cero, dice Bianchi inflando el pecho. Aunque no dice que tuvo la bendición de Francisco o el celular de Dios, porque la tapada de Orión en ese mano a mano del final era una chance más clara que el penal de Alonso para que Nacional anotara. Esa es la diferencia entre anoche y el partido de ida en la Bombonera (y el del domingo con Rafaela). Cuando a Boca le anotan en la primera llegada, cuando pega en el palo y va adentro, se hace cuesta arriba. Cuando se salva, puede ganar. Si esos detalles hacen la diferencia en cruces de vida o muerte en la Champions, como le pasó al Barsa en Milán y en el Camp Nou, como no van lo van a hacer entre dos equipos mediocres pero con historia como Boca y Nacional.
Lo que nos queda ahora en la retina son esas imágenes del final del partido, con Román yendo a la raya de cal a charlar con Bianchi sobre como seguimos. Esa dupla no es la de antes. Tal vez sea el último café. Pero lo vamos a disfrutar salga como salga. Porque los amamos.
La cosa empezó bien, promisoria, con no tanto fútbol pero buena presión arriba. Con no tanto juego asociado pero con llegadas más o menos claras. Tirando el offside bastante lejos para achicar la cancha. Hasta que una amarilla bien sacada a Chiqui Perez se transformó en roja por un penal zonzo al delantero de Nacional al que la pelota sobraba. Fue expulsión y penal en contra. El presagio de otra noche salada, de que a Boca le anoten de manera injusta cuando había sido sensiblemente superior en esos primeros 20 minutos de partido. Pero Alonso no fue el Beto y pateó el penal por arriba del travesaño.
Como dijo Macaya en la tele - hace falta Macaya en el Fútbol Para Todos - Bianchi hizo bien en no apurar cambios para reacomodar la defensa. Puso a Erviti como una especie de doble 5 con Erbes y mandó a Ribair a la posición de Pérez (al que habría que mandar a la reserva por algunas fechas para que madure un poco). El gol llegó de penal, un penal igual de dudoso que el que le cobraron en contra a Boca, por agarrón. Román lo transformó en gol.
Y a ese partido le sobraron los 50 minutos que faltaban. Porque si después de la expulsión y el penal en contra Bianchi firmaba el empate ahí mismo, 1-0 arriba a cosa era negociar como hacer para adelantar el reloj. A eso salió Boca en el segundo tiempo. Planteo desde luego legítimo, dada la inferioridad numérica.
Los primeros 10 minutos del segundo tiempo fueron muy buenas. Boca llegó poco, pero mucho más que Nacional. La clave: tener la bola, manejar los tiempos. Román tomó la batuta y con la ayuda de Erbes, Erviti, alguna subida de Clemente, Viatri aguantando y el Burrito intentando Boca se defendió con la pelota y terminó jugando mejor con diez que con once (todo un mensaje para Chiqui Perez... habría que ver si con 9, sacando a Sosa, mejora aún más).
Pero de a poco, y especialmente a partir del ingreso del Chino Recoba, Nacional lo fue empujando a Boca hacia su propia área. Salieron Erviti y el Burrito, agotados, ingresaron Ledesma y Somoza, para aguantar y para cabecear, porque se sabía lo que se venían eran centros al área de Boca. Las piernas fueron flaqueando y cada vez fue más difícil defenderse con la pelota. Bianchi arrió esa bandera y en los últimos cinco minutos mandó a Caruzzo a cabecear, en reemplazo de Román, que si no fuera Román debería haber salido antes, porque no corre (ni su función es correr, desde luego).
Finalmente, y luego de sufrir por casi 70 minutos, se ganan tres puntos de oro para estar de nuevo con chances ciertas de clasificar a la segunda ronda. Con el arco en cero, dice Bianchi inflando el pecho. Aunque no dice que tuvo la bendición de Francisco o el celular de Dios, porque la tapada de Orión en ese mano a mano del final era una chance más clara que el penal de Alonso para que Nacional anotara. Esa es la diferencia entre anoche y el partido de ida en la Bombonera (y el del domingo con Rafaela). Cuando a Boca le anotan en la primera llegada, cuando pega en el palo y va adentro, se hace cuesta arriba. Cuando se salva, puede ganar. Si esos detalles hacen la diferencia en cruces de vida o muerte en la Champions, como le pasó al Barsa en Milán y en el Camp Nou, como no van lo van a hacer entre dos equipos mediocres pero con historia como Boca y Nacional.
Lo que nos queda ahora en la retina son esas imágenes del final del partido, con Román yendo a la raya de cal a charlar con Bianchi sobre como seguimos. Esa dupla no es la de antes. Tal vez sea el último café. Pero lo vamos a disfrutar salga como salga. Porque los amamos.
jueves, 14 de marzo de 2013
El Ciclón tiene Papa
Primer Papa no europeo de la historia en 1300 años de historia. Primer Papa latinoamericano. Primer Papa Jesuita. Naturalmente, también, primer Papa argentino. Y, por si fuera poco, primer Papa hincha fanático de San Lorenzo de Almagro.
Como hemos dicho tantas veces, este es un blog de fútbol. Y la verdad es que las cuestiones eclesiásticas a uno le pasan por el costado. Tantas décadas han pasado desde que hicimos la comunión! Poco tenemos para decir respecto del aborto, el alquiler de vientres, el matrimonio gay y la mayoría de las cuestiones por las que se suele discutir a la Iglesia en lo ideológico (además, claro está, de los escándalos financieros, de la complicidad con las dictaduras, y de los casos de pedofilia). Pero este es un hecho histórico, que tiene una dimensión que nos excede a todos. Bergoglio se convirtió, desde ayer a la tarde, en la persona, en el líder espiritual y político, en el personaje, más importante de la historia de este joven país de 200 años. Ese país que festeja, un poco dividido, sus 200 años de vida, hoy pone un Papa. Ratificando el sentido de la superioridad de los argentinos y la soberbia por antonomasia de los porteños que nos enseña todos los días que "Dios es Argentino". Hoy (ayer) el Vaticano les da la razón y los argentinos hinchan el pecho y salen a festejar, bastante más unidos que en los últimos festejos recientes (pero no tanto, ver posdata).
El primer Papa no europeo no es norteamericano ni es chino, no es brasilero ni es hindú, no es japonés ni es mexicano, es Argentino!!!! Y encima es futbolero de ley y es hincha del Ciclón.
PD: si estaremos de jodidos que mientras todos los líderes mundiales se ponen orgullosos de la Argentina, mientras todos los presidentes latinoamericanos celebran la llegada de un Papa latinoamericano y nos mandan un abrazo, algunos (muchos) de los nuestros tuvieron ayer el peor día de su vida por la designación de un Papa argentino. La escoria no sólo la reportan los que están contentos porque sienten que ganaron (ver acá) sino que se publica sin tapujos en los medios que, ay, sienten que perdieron (ver acá). Es que este era "el boludo" al que no le concedían audiencia en Balcarce 50... Por supuesto que retiro todo lo dicho si le descubren un fiambre en el ropero. Pero si el perro Verbitsky (ni la justicia) no se lo encontró en 30 años de obsesiva investigación periodística me parece que es mejor contemplar el nuevo escenario y disfrutar de la confirmación de que, como disfrutamos de decir, "somos los mejores del mundo".
Como hemos dicho tantas veces, este es un blog de fútbol. Y la verdad es que las cuestiones eclesiásticas a uno le pasan por el costado. Tantas décadas han pasado desde que hicimos la comunión! Poco tenemos para decir respecto del aborto, el alquiler de vientres, el matrimonio gay y la mayoría de las cuestiones por las que se suele discutir a la Iglesia en lo ideológico (además, claro está, de los escándalos financieros, de la complicidad con las dictaduras, y de los casos de pedofilia). Pero este es un hecho histórico, que tiene una dimensión que nos excede a todos. Bergoglio se convirtió, desde ayer a la tarde, en la persona, en el líder espiritual y político, en el personaje, más importante de la historia de este joven país de 200 años. Ese país que festeja, un poco dividido, sus 200 años de vida, hoy pone un Papa. Ratificando el sentido de la superioridad de los argentinos y la soberbia por antonomasia de los porteños que nos enseña todos los días que "Dios es Argentino". Hoy (ayer) el Vaticano les da la razón y los argentinos hinchan el pecho y salen a festejar, bastante más unidos que en los últimos festejos recientes (pero no tanto, ver posdata).
El primer Papa no europeo no es norteamericano ni es chino, no es brasilero ni es hindú, no es japonés ni es mexicano, es Argentino!!!! Y encima es futbolero de ley y es hincha del Ciclón.
PD: si estaremos de jodidos que mientras todos los líderes mundiales se ponen orgullosos de la Argentina, mientras todos los presidentes latinoamericanos celebran la llegada de un Papa latinoamericano y nos mandan un abrazo, algunos (muchos) de los nuestros tuvieron ayer el peor día de su vida por la designación de un Papa argentino. La escoria no sólo la reportan los que están contentos porque sienten que ganaron (ver acá) sino que se publica sin tapujos en los medios que, ay, sienten que perdieron (ver acá). Es que este era "el boludo" al que no le concedían audiencia en Balcarce 50... Por supuesto que retiro todo lo dicho si le descubren un fiambre en el ropero. Pero si el perro Verbitsky (ni la justicia) no se lo encontró en 30 años de obsesiva investigación periodística me parece que es mejor contemplar el nuevo escenario y disfrutar de la confirmación de que, como disfrutamos de decir, "somos los mejores del mundo".
miércoles, 13 de marzo de 2013
4 - 0: ¿Qué van a decir ahora?
Por supuesto que pudo haber perdido. Si ese tiro en el palo iba adentro, el Milan liquidaba la serie. Si aquel tiro de Messi en el inicio del partido en el Meazza iba adentro y se hacía 1-0 también todo hubiera sido distinto. La suerte cuenta, desde luego. Y ayer el Barcelona la tuvo un poco de su lado para golear al Milan y pasar a cuartos de final de la Champions. Pero, ¿donde están los que decían que estaban acabados? ¿donde están los que decían que les faltaban variantes? ¿donde están los que reclamaban un 9 de área? ¿donde están los que firmaron el acta de defunción anticipada?
Respuesta: van a comprar camisetas blancas para hinchar por el Madrid.
Mientras ellos sufren, nosotros miramos los goles acá.
Respuesta: van a comprar camisetas blancas para hinchar por el Madrid.
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