domingo, 10 de marzo de 2013

Lo mejor en la cantera

Lo de esta noche ha estado a tono con las últimas actuaciones de Boca. Un comienzo prometedor que se desvanece como por arte de magia por un gol rival inmerecido que cambia el partido y arrebata la confianza inicial. Pasó el jueves con Nacional. Pasó hace un rato con Atlético de Rafaela.
Poco importa que el penal que marcó Pezzotta haya sido un invento (en todo caso, tan invento como el que le regaló a Boca en el final del primer tiempo y que el Pelado Silva, malogró, para justificar los insultos que le dedican los hinchas de Boca. Poco importa que a Boca le sigan cobrando penales en contra, como contra Quilmes, Toluca, All Boys, y Barcelona de Ecuador (y que Caruzzo haya sido el responsable de cometer esos penales de Quilmes. Toluca y ahora de Rafaela).
Boca perdió la calma, se dejó llevar por la vorágina del pelotazo y la pelota dividida, y no encontró respuestas a sus crónicos problemas en la generación de fútbol. Los problemas defensivos esta vez estuvieron menos presentes, en parte porque el equipo santafesino atacó poco y en parte porque los defensores tuvieron una tarea más aceptable: Magallán cumplió, Albín casi que se destacó, estuvo firme en la marca e hizo algo de daño cuando pasaba al ataque,  y el chico Zárate no fue fácil de eludir (aunque no aparta nada en ataque).
Bianchi, desde el banco, contagia parte de esa incertidumbre y de ese desconcierto por la mala suerte. Lo que transmiten sus cambios es un sentido de urgencia que está a tono con lo que demanda el hincha pero no con eficacia deportiva. Al igual que en los partidos anteriores, Bianchi hace cambios osados, se anima a ir al frente, y se diferencia de las movidas defensivas de Falcioni. Pero la acumulación de hombres de ataque no se traduce en una mayor cantidad de situaciones de gol ni bastante menos que eso. Hoy terminó el partido con los dos nueves (Silva y Blandi), con dos punteros (Acosta por la derecha, Palacios por la izquierda), un enganche (Paredes), y un doble cinco ofensivo (Sanchez Miño). O sea, usando los numeritos, un 4-2-1-4. Verdaderamente osado. Por eso se festejó el empate como si fuera un triunfo. Por eso y para sacarse la sal.
Las mejores respuestas llegaron de la cantera. En los quince primeros minutos del segundo tiempo, Sanchez Miño demostró que no sólo tiene que ser titular en este equipo muleto que juega el campeonato, sino que debería serlo también en el equipo titular que juega la Libertadores (pero no puede, pues no está en la lista de la primera fase). Con la soltura y el aplomo de siempre, aportó criterio para manejar la pelota, buena pegada en las jugadas de pelota parada y en movimiento, y hasta una capacidad de recuperación de pelota que lo hacen imprescindible. La otra presencia decisiva viniendo del banco esta noche fue la de Sebastián Palacios, que fué de lo mejor ante Unión hace una semana (a fuerza de coraje para pedirle e ir al frente), esta vez  le sirvió el gol del empata a Blandi y se transformó en una pesadilla para la defensa de Burruchaga.
Al cabo de 12 partidos oficiales, Carlos Bianchi cosecha 2 triunfos, 3 empates, y 7 derrotas. Esto es, apenas, un 25% de los puntos. Para Bianchi esto ha de ser una afrenta insoportable. Pero para el hincha de Boca es una circunstancia que se explica más por la mala suerte y las defecciones de los jugadores que por los errores del director técnico. Tal vez en un año pueda formar el mediocampo que más promete, con Pol Fernández, Erbes, Sanchez Miño, y Paredes. Pero hasta que las verdes se hagan maduras, la Copa hay que jugarla con los grandes. No sólo por el resultado deportivo sino también para no exponer a los pibes.
Desde aquí y por tres semanas Boca se juega la vida en la Libertadores. Tiene más chances de quedar afuera de todo que de seguir. Pero si la suerte se revierte y los procesos de desarrollo se concretan, Boca tiene potencial para revivir los ciclos exitosos. Necesita, sin embargo, defensores a la altura de Perico Marante, del peruano Meléndez, del brasilero Orlando, de Pancho Sá y de Mouzo, de Bermúdez, Samuel y el Cata Díaz. Hoy pareciera que no los tiene.

viernes, 8 de marzo de 2013

A sufrir juntos

Desconozco las virtudes del psicoanálisis, pero me han contado que en situaciones límites, tales como la muerte de un ser querido o el abandono de otro ser querido, puede servir para lidiar con la crisis, para aprender a convivir con eso que no queremos. Tal vez los hinchas de Boca necesiten un poco de esto para sobrellevar un semestre que, tal como lo adelantó crudamente Bianchi después del debut del campeonato con Quilmes, será de sufrimiento y de hacer cuentas.
Uno esperaría que los jugadores se sientan sueltos, ya que todas las presiones están en el director técnico y en su jugador insigna (JRR), pero, por el contrario, lo que se advierte son tensiones y rendimientos pobrísimos, en medio de un sistema que todavía no se sabe bien qué es. Pero el resumen, al cabo de dos derrotas de local en la Bombonera - con esta última dejándonos al borde del abismo - son esos dos pelotazos largos de Ribair primero y de Riquelme después, que fueron para nadie, a pesar de que Boca tenía uno demás y dos delanteros centrales en cancha.
De todas formas, no parece que cosa pueda limitarse a cuestiones psicológicas o de sistemas tácticos. Hay jugadores, lo diremos de nuevo, que no son para Boca. Que ya han tenido oportunidades de sobra y que no han dado la talla. Boca no tiene un lateral derecho aceptable. Chiqui Pérez y Ribair son jugadores de Caruso Lombardi, esos sacrificados que dejan su profesión de panadero o albañil para jugar al fútbol, esos que nunca hubieran quedado en una prueba en La Candela para jugar en las inferiores de Boca. Son para Falcioni. Para un equipo chico. Para jugar con dos cinco que meten la cola entre los centrales. Defendiendo con siete u ocho son todos impasables.
Anoche, como casi siempre, la tribuna dejó en claro quiénes pasan el examen y quiénes se van a Marzo. Erbes, Clemente, Erviti, y el Burrito Martínez, en ese orden, zafan. En verdad, lo de Erbes es bueno, es el único que se mueve cuando no la tiene y que se anima a jugar y a tenerla - desde luego que arriesgando, porque para ganar hay que arriesgar - cuando a los otros les quema en los pies. Ayer lo de Viatri fue demasiado malo, para los que esperamos que sepulten al Pelado Silva. Fue tan indolente como lo del uruguayo, aunque no hay restarle "méritos" a la defensa de Nacional.
Párrafo aparte para Román. Estuve en la cancha el domingo y anoche. Lo seguí con la mirada el 75% del juego. Es notable que luego de 8 meses sin jugar pueda completar dos partidos completos en la misma semana. No sorprende que haya sido el jugador más desequilibrante y más importante frente a Unión. Si uno revisa las jugadas de riesgo de Boca advierte que Román estuvo en todas y que se ratifica la tesis de que aún estando al 10% es determinante, por su pegada y por la importancia de la pelota parada en las pocas llegadas de Boca. Ahora, con todo esto dicho, también hay que decir que la condición física de Román es muy deficiente. Yo estuve anoche ahí y lo ví hacer tres piques seguidos entre el minuto 10 y el 15 del primer tiempo. Pero también lo ví a partir de ahí con los brazos en jarra, parado, tirado casi de delantero. Lo ví dejarle un corner desde la derecha a Erviti para no tener que correr 40 metros a ejecutarlo.
Tenían razón los dos: Bianchi, que es una pena que Román no haya estado para hacer la pretemporada con el equipo. Román, que quiere acompañarlo al Virrey para sufrir juntos. Ahora, esto también hay que escribirlo, si vamos a sufrir juntos hay que hacerle honor a los recibimientos que hacemos al DT y a los jugadores cuando suena la voz del estadio para anunciarlos. Porque se empieza a notar una cierta impaciencia de algunos hinchas cuando empieza el partido. Se empieza a notar una cierta histeria cuando uno de los nuestros pifia o cuando se erra un gol. Eso no es Boca. Eso es de hincha de Velez, de River o de Independiente. No lo olviden.
En síntesis: Boca fue muy superior a Unión el domingo y a Nacional anoche. Creó no menos de cinco situaciones netas de gol que se perdieron por mala suerte, por una buena actuación del golero uruguayo, y por mala puntería (ay Ribair! ay Clemente!). Anoche le anotaron un gol en la única llegada del rival (en la cancha lo puteé a Chiqui Pérez, por la tele veo que tal vez habría que putear a Viatri). No alcanza de mucho consuelo, porque Boca se queda con las manos vacías, mientras Unión sale de una sequía de 26 fechas sin victorias y Nacional se acomoda primero en el grupo de la Libertadores de cara a la segunda ronda. A sufrir juntos.

martes, 5 de marzo de 2013

Las buenas ya van a venir


Esto era lo que se escuchaba de fondo a continuación del primer gol de Unión. Y del segundo. Y del tercero. Todo sigue igual en lo que tiene que ver con el amor a los colores, en el respaldo al conductor, en el recibimiento a su líder futbolístico. Y también sigue igual en lo que tiene que ver con la redonda. Otra vez la zozobra defensiva, otra vez el desconcierto para recuperar la pelota, otra vez las dificultades para asumir el protagonismo.
Lo diferente, en todo caso, fueron los últimos 30 minutos del partido en Guayaquil contra el Barcelona, con un 2-0 tal vez inmerecido pero que dió aire para animarse a jugar un poco como pretende Bianchi. Pero ante Unión volvieron los fantasmas, especialmente amontonados sobre el costado derecho de la defensa de Boca, en ese agujero interminable que se hace entre el lateral derecho, el volante derecho, y el primer central. Así le hacen los goles a Boca. Y no fue 4-0 por el gol mal anulado a Franzoia.
Lo poco bueno que queda, además de la incondicionalidad del que grita que va a estar siempre aunque el equipo se coma una goleada de local en la Bombonera contra un rival que se va a la B y que hace 26 fechas que no ganaba, son algunas actuaciones individuales para destacar. Entre ellas, naturalmente, la de Juan Román Riquelme (avísenle al comentarista del Fútbol para Todos Julio Ricardo que es "Juan Román" y no "Juan Ramón"). Fue la figura de Boca, quien estuvo más cerca de anotar, completó 90 minutos en buen nivel asegurando buen destino a la pelota y convirtiendo cada centro y tiro libre en pase-gol. Le faltó puntería para definir, aunque tuvo al menos tres situaciones muy claras. Y también le faltó puntería a los asistidos, de Caruzzo a Burdisso, de Ledesma a Palacios.
La bienvenida - tan conmovedora como debía serlo en tal vez el último regreso del máximo ídolo xeneixe a la Bombonera - fue con cinta de capitán incluida. Tití Fernández - periodista (o algo así) no sospechado de riquelmista - contó al aire que Orión le ofreció la cinta a Román en el vestuario, antes de salir a la cancha. Que Román la rechazó, diciendo que le correspondía seguir llevándola a Orión. Que Orión insistió y que Bianchi se sumó a la tarea de persuasión, para que volviera encabezando el equipo con la cinta negra en el brazo izquierdo. Los detalles son, de todas maneras, irrelevantes. Si Boca logra salir airoso de estos problemas y se anota un título en Junio la anécdota pasará al olvido. Pero si sale todo mal, allí estarán los oportunistas de siempre, micrófono en mano, para recordar que Orión fue despojado de la cinta de capitán. Que se entretengan solos...
Mientras tanto, circulaba el rumor de otro regreso, el del negro Ibarra, como dice Román, el lateral derecho más importante de la historia de Boca, por encima incluso del Cholo Simeone y del Tano Pernía. Como será de agudo el problema del 4 en Boca que versiones como la vuelta de Ibarra, próximo a cumplir 39 años, gozan de cierta credibilidad. También se menciona probar a Rivero en esa posición, tras los problemas que han evidenciado Cellay, Sosa, Albín, y Aguirre. Para el que mira de afuera, la solución tal vez esté en correr a Clemente a la derecha y esperar que vuelva Sanchez Miño por la izquierda (o atrasar a Colazo a ver que sale).
El problema de Boca no se puede reducir a las individualidades, pero la realidad es que los bajos rendimientos individuales ayudan a explicar este momento. Salvo por el buen momento de Erbes (hoy titular indiscutido), la solidez de los arqueros, y lo que siguen prometiendo el Burrito Martínez y Viatri, Bianchi no logra juntar 10 compañeros que acompañen a Riquelme. Y eso se nota. Las incorporaciones - Chiqui Perez y Ribair Rodríguez - no ayudan. Y la seguidilla de partidos no acaba, por lo cual hay que rendir dos exámenes cada semana. Pero al menos Bianchi comienza a usar la escoba para correr a Somoza, a Silva, y a Ervitti, no por falcionistas sino por troncos.
Pero, retomando el sentido del título, tampoco es tan grave como parece a la luz de los titulares de los diarios. River fue bailado por San Lorenzo que sigue en zona de descenso. Independiente pierde con Arsenal. Un Racing deprimido casi le gana al Lanús puntero. Lara le gana a Newells y Velez pierde con Emelec. Y, si por un momento cometemos el sacrilegio de apartarnos del resultado y ver el trámite del partido, concluiremos que Boca le ganó con holgura el ping pong de Estudio Fútbol a Unión y difícilmente le haya ganado el ping pong al Barcelona de Ecuador, aunque se siga pensando que le ganó bien el partido.
Esto será paso a paso. Y el paso que viene es uno de los choques más importantes en la fase de grupos de la Libertadores. Hay que ganarle a Nacional de Montevideo. Y esperar que comience a aparecer el fútbol antes de que sea demasiado tarde.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Dos derrotas para un acta de defunción

Los administradores precoces de extremaunciones se regodean en estos días con las dos derrotas del Barcelona frente al A.C. Milan en el Meazza por la Champions y de local frente al Real Madrid de Mourinho por las semifinales de la Copa del Rey. Son los mismos que en el nivel local usan letras de molde para pronosticar el fracaso de Bianchi por dos derrotas. Los mismos.
Naturalmente que la "línea argumental" transita carriles diferentes. Al Barcelona se le achacan falta de variantes, previsibilidad, inocencia, poca innovación. A Bianchi le tiran por la cabeza el DNI: es viejo, no se actualizó, se piensa que el fútbol no ha evolucionado, se le terminó la suerte. ¿Por qué tanta saña?
La pregunta me lleva a otra, que siempre me ha resultado intrigante y muy en el centro de las preocupaciones de este blog. ¿Por qué se odia a Riquelme?
La respuesta obvia es: porque los han sufrido. Si vamos a hablar de Bianchi y del Barcelona conviene mantenerlos separados. 
A Bianchi lo han sufrido los arqueros rivales, sus colegas del Reims Sainte-Anne y del Olympique de Marsella (o del Racing de París), los hinchas de San Lorenzo en los cruces con Velez, los equipos brasileros e internacionales que han perdido finales frente a él. Pero los que más lo han sufrido son los hinchas de River y sus satélites, por las derrotas en cruces directos - la última fue en el 2004, de visitantes en el Monumental, por la semifinal de la Copa Libertadores, el día del arañazo de Gallardo - y mucho más por sus éxitos en Boca. Y también lo ha sufrido el "periodismo intimista", que muere por notas exclusivas, primicias y chimentos en off, títulos de primera plana, escándalos y puteríos. Bianchi es ajeno a todo eso. Y para los medios argentinos un tipo así es un fastidio. Encima, le ha ido tan bien - gracias a la ayuda de la suerte o de Dios, no de su talento, dicen - que no necesita de ellos para conseguir empleo o para estar en el candelero. Y encima, y por esos éxitos, no se le puede caer mucho encima, porque son los resultados los que mandan, dicen.
Al Barcelona lo han sufrido todos y cada uno de sus rivales de liga española y de Europa y hasta algunos sudamericanos como Estudiantes de La Plata. Pero, por sobre todo, lo ha sufrido el Real Madrid, el transatlántico más importante del mundo que tiene la desgracia de tenerlo en la liga local, lo cual supone al menos cuatro, y a veces seis, y a veces ocho, enfrentamientos al año, con otras tantas derrotas, no tanto en el resultado final como en el trámite del partido y en lo conceptual. Es la humillación y no los goles lo que ha calado profundo en el corazón de Madrid. Porque no es sólo el Bernabeu. Es Cataluña versus Madrid. Son los republicanos versus Franco. Por eso la "afrenta" trascendía las razones futbolísticas. Ni siquiera han podido compensar tanto odio con la gloria y el oro que le hicieron ganar a España, con dos Eurocopas y un Mundial recientes. Porque, como los catalanes, primero son madrilistas y después son españoles (o, en todo caso, ser madrilista es ser español para esta gente).
Lo que emparenta a Bianchi con el Barcelona, y que explica la virulencia de las críticas, es que han sido los más exitosos de su tiempo. Son los derrotados los que se ponen la camiseta del Milan, del Sevilla, o del Toluca de México para festejar las derrotas de sus verdugos. Son ellos los que esperan agazapados un transpié para gritar airosos que "teníamos razón". Y, en el caso del Barcelona, a más de los madrilistas, están los derrotados conceptuales. Los que hubieran seguido hablando a regañadientes de la leyenda del Barcelona si ese derechazo cruzado de Messi a los dos minutos del primer tiempo ayer se transformaba en triunfo tempranero del blaugrana. Los que miran el fútbol exclusivamente a partir de lo que pasa en los arcos. Los que creen que el fútbol puede resumirse en triunfos y derrotas. 
Esos son los que han sufrido con este ciclo maravilloso del Barcelona, el mejor equipo que se haya visto en las últimas cinco décadas del futbol mundial. Porque además de hacer gozar a la gente sensible, ganaban. Y eso, no se perdona. Cuando pierdan, volverán a levantar las banderas de la objetividad del resultado y la eficacia de los planteos tácticos, preparados - claro está - con el diario del lunes. De los que, como decía Passarella, nunca pierden. Excepto contra el Barça y contra Bianchi.

domingo, 24 de febrero de 2013

Con dos arqueros puede ser

Al cabo de 5 partidos de verano, tres de campeonato oficial, y uno de Libertadores, sólo Orión y Ustari han demostrado que están para ser titulares en Boca. El dato de que hayan sido las figuras de Boca en este corto período no sólo es revelador de que Boca no tiene que preocuparse por reforzar ese puesto. Es una ratificación de que a Boca le llegan mucho y muy fácil, al punto de hacer figura a sus arqueros.
Ayer, de no haber sido por Ustari, la derrota con All Boys pudo ser aún mas desdorosa. Si el aburrido primer tiempo terminó 0-0 fue sólo por tres buenas tapadas del ex-arquero de Independiente. Tampoco es que el dominio de All Boys haya sido abrumador. Fueron dos equipos erráticos, que no acertaron más de tres pases seguidos. El comentarista del fútbol para todos decía que fue entretenido... tal vez lo entretengan los corners y tiros libres que constituyeron las únicas llegadas claras de ambos equipos.
Luego fue un gol de pifia de Ahumada y un penal bien cobrado y bien pateado los que sentenciaron el partido. Pero antes y después de eso, Boca fue menos que un equipo en formación, con las debilidades defensivas de siempre (aumentadas por una intensidad mal entendida), con los problemas ya conocidos para darle destino a la pelota, y con la ausencia de ambiciones para llegar al área hilvanando esfuerzos colectivos. Boca es hoy la gambeta solitaria del Burrito Martínez, el bochazo para el 9, o los cada vez menos decisivos aportes de Pol Fernández para acercarse con peligro al área rival (además de la pelota parada, donde Burdisso gana casi siempre en ataque).
Lo que viene es una seguidilla de partidos que no le darán tregua a Boca y que, si bien no definirán la suerte de Bianchi, pueden determinar rápidamente el destino de Boca en este semestre. Preocupa el funcionamiento. Y preocupan los resultados. Porque esa suerte de los períodos anteriores aparece ausente en el regreso de Bianchi. Desde luego que la vuelta de Riquelme puede oxigenar el proceso. El segundo tiempo frente a All Boys parecía dejar a Boca, apenas, con esa esperanza. Con Blandi jugando de 7 ante la ausencia de un delantero que hiciera la raya. Con Silva jugando de defensor... de All Boys, impidiéndole a Erviti anotar el empate. Con Somoza tan presto como Ribair para trabar con la cabeza pero tan limitado como el uruguayo para entregarla mal e iniciar cada contragolpe de All Boys. Con Chiqui Perez al límite del reglamento, cerca de la tarjeta roja y del penal permanente. Con Albín y Clemente a medio camino entre atacar y defender, sin hacer bien ninguna de las dos.
Al final, Bianchi salió del vestuario con el concepto de que el equipo había empeorado respecto del rendimiento en Victoria frente a Tigre. Discrepo. El resultado fue diferente, pero las limitaciones y la pobreza fueron las mismas. Pero, en todo caso, lo diferente respecto del domingo pasado fueron los regresos de Somoza, Erviti y Silva, mientras Erbes, Colazo y Viatri esperaban en el banco. Esto no es una interpretación sino un dato duro del partido.
Seguimos pensando que Falcioni es técnico de equipo chico y que Bianchi no solo está a la altura de la historia de Boca, sino que constituye la historia de Boca. Ahora bien, los intérpretes también cuentan. No se puede seriamente seguir comparando a Serna y Bermudez, jugadores de selección antes de Bianchi, con Chiqui Perez y Ribair Rodriguez, jugadores de la B Nacional. No se los puede comparar, siquiera, con algunos de los refuerzos que se barajaron en Diciembre (léase Cata Díaz y Fernando Gago).
Tal vez el mérito de los esquemas de Falcioni haya sido adaptarse a las características de los jugadores que tiene (o que hizo contratar, para ser más precisos). Tal vez cuando ayer Bianchi tuvo que sacar a Somoza y poner a Colazo en un costado y a Erviti de 5, comprobó que no se puede atacar con Somoza, porque no acierta pases de cinco metros. Tal vez, con jugadores como Somoza, solo se puede apostar a empujar y apostar a la segunda jugada. El problema es que acaso sea demasiado pronto para hacer limpieza. Mientras, todas las esperanzas se reducen al regreso de Riquelme. Será suficiente?

sábado, 23 de febrero de 2013

Ni un minuto de silencio

Ha pasado un año desde la tragedia más grave en la historia del transporte público de la Argentina. Pero parece que algunos (y algunas) no registran la gravedad del suceso. Será porque nadie de los suyos murió en ese accidente (como les va a pasar si viajan en helicóptero!!!). Será porque tienen cola de paja, porque saben que son parcialmente responsables por haber financiado el sistema que condujo a esas muertes. Será porque buena parte de los implicados políticamente, de Schiavi a De Vido, de Jaime a los Cirigliano, han sido y son cajeros de este gobierno y de la familia que está en el poder desde hace una década (pero sigue echando culpas a administraciones anteriores... porque de lo malo ellos nunca son culpables).
En cualquier caso, eso no justifica la manera en que se ha frenado la causa judicial (hasta hoy no hay nadie en cana pero hay 52 muertos), la manera en que se han ignorado los actos recordatorios, y la manera en que los medios oficialistas y para-oficialistas han silenciado un acto como el de ayer, apolítico y apartidario, movilizado por el dolor y por la indignación, sin banderas, ni micros, ni choripanes, encabezado por el Premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y hasta alguna Madre de Plaza de Mayo sensible a que los muertos son los de nuestro lado y los victimarios son, aunque nos quieran hacer creer lo contrario, los del lado de los que siempre ganaron y ganan siempre.
Y aquí llegamos al fútbol: la negativa del tristemente célebre fútbol para todos y de la Asociación del Fútbol Argentino de Grondona a adherir al minuto de silencio por la memoria de las víctimas de Once, al igual que la negativa de los medios oficialistas y de hasta la bancada oficialista en el Congreso Nacional a hacer ese minuto de silencio, revela de manera inequívoca que son ellos los culpables, que tienen las manos manchadas con sangre, y que hay que decir y escribir esto ahora porque nunca sabemos si llegaremos a casa cuando nos subimos al Mitre o al Sarmiento (sabemos, eso sí, que viajaremos como vacas, que llegaremos siempre tarde, que nuestra vida no vale nada, que si aparecemos muertos el funcionario de turno dirá que es culpa nuestra por viajar amontonados en el vagón de adelante). Ya no les queda ni vergüenza.

jueves, 21 de febrero de 2013

Arquero de lujo para la selección del cielo


Se fué Antonio Roma, el Tano, apenas un mes después del 50 aniversario del legendario penal que le atajó a Delem y que le diera a Boca el campeonato del 62.
Boca llevaba ocho temporadas sin títulos. Y se encaminaba a la novena, porque River era el puntero, con un punto de ventaja sobre Boca. Jugaban el clásico en la penúltima fecha. Y aunque Boca (Roma; Silvero y Marzolini; Simeone, Rattín, y Orlando; Pueblas, Menéndez, Valentim, Pezzi y Gonzalito) ganaba 1-0 con gol de penal del brasilero Valentim, el arbitró marcó penal para River en el minuto 42 del segundo tiempo. Pero mejor que lo cuente el Tano:

Como tantas otras historias, esta no la viví porque no había nacido aún. Pero gracias a mi viejo la he sentido como si hubiera estado en la Bombonera ese 9 de Diciembre del 62. Vaya el abrazo para Tarzán. Muchas gracias por tantas alegrías. Y que sigas derecho para los penales en el equipo del Barba.